LA DOBLE PRESENCIA: UN RIESGO PSICOSOCIAL DE NUESTROS DÍAS

El modo de vida de la sociedad actual exige compaginar el trabajo remunerado con las tareas domésticas y familiares, y no debemos pensar que ambos trabajos son independientes entre sí, ya que están estrechamente interrelacionados, máxime cuando la persona trabajadora desempeña su trabajo desde casa. 

El conflicto entre el ámbito laboral y familiar es bidireccional: las exigencias del trabajo interfieren con las de la familia y viceversa. 

Determinadas condiciones laborales, como las largas jornadas de trabajo o los cambios de turno sin preaviso con suficiente antelación, afectan directamente a los tiempos que las personas trabajadoras tienen que dedicar a las tareas del hogar, a los menores a su cargo o al cuidado de personas dependientes, por lo que la conciliación entre el trabajo y la vida familiar es, en muchas ocasiones, difícil de conseguir. 

Es una realidad que actualmente la mayor parte del trabajo dedicado a la organización del hogar y al cuidado de los hijos y de personas dependientes recae sobre la mujer, siendo los hombres los que más tiempo dedican al trabajo remunerado. 

Según el índice de desigualdad de género de la ciudad de Madrid, el porcentaje de personas inactivas, cuya causa principal de inactividad son las labores del hogar/cuidados son de un 6,6% en el caso de los hombres y de un 26,8% en el caso de las mujeres. Para el total del territorio español, las cifras se sitúan en un 6% en el caso de los hombres y de un 31,7% en el caso de las mujeres.

Es por ello por lo que no debemos perder de vista este riesgo psicosocial que puede provocar problemas de salud, al considerarse un importante estresor conocido por el nombre de “doble presencia” o “conflicto trabajo-familia”. La causa de este riesgo psicosocial es la exposición de la persona trabajadora a exigencias laborales y familiares de forma sincrónica. Por una parte, la cantidad de trabajo se incrementa, pero, sobre todo, se incrementa el esfuerzo para programar, organizar y gestionar las tareas laborales y familiares. 

Todo esto nos lleva a considerar el concepto de “doble ausencia” dado que, en muchas ocasiones,  la persona trabajadora siente no poder abarcar todas las exigencias y responsabilidades diarias. 

A todo lo anterior deben sumarse las exigencias de tiempos de trabajo de algunas organizaciones cuyas jornadas laborales incluyen los fines de semana, el trabajo nocturno o las jornadas impredecibles.

Un alto nivel de exigencias laborales junto con la responsabilidad del trabajo familiar genera un elevado nivel de estrés y cansancio que puede llevar a un proceso de pérdida de la salud y del bienestar, el cual se manifiesta con cambios de humor, irritabilidad, agotamiento emocional, ansiedad o depresión. El conflicto trabajo-familia se asocia también a dificultades en el desarrollo de las funciones paternales-maternales, bajo rendimiento laboral, insatisfacción y aumento de absentismo.

Además, algunos trabajos, por sus características intrínsecas, implican una elevada carga emocional. Tal es el caso de los trabajos sanitarios, los de cuidado de personas dependientes o los trabajos de atención al público. Todos los trabajadores/as de estos sectores tienen un alto riesgo de sufrir “Burnout o síndrome del quemado” por lo que en estos casos habrá que prestar especial atención al riesgo sumado de doble presencia. 

La evaluación de riesgos psicosociales y el protocolo de desconexión digital son obligaciones legales.

Los riesgos psicosociales, al igual que el resto de los riesgos laborales, deben ser evaluados, con el fin de tomar las medidas preventivas necesarias para reducirlos o eliminarlos.

hombre escribiendo en portátil

Desde el punto de vista de la prevención de riesgos laborales, los técnicos en prevención disponemos de distintas herramientas de evaluación de riesgos psicosociales que nos permiten detectar este riesgo de “doble presencia” para determinar un plan de intervención psicosocial que garantice la conciliación familiar.  

Emesa Prevención realiza evaluaciones específicas de riesgos psicosociales con perspectiva de género a fin de detectar el conflicto trabajo-familia o de doble presencia, proponiendo las medidas preventivas más adecuadas para cada empresa. Asimismo, conscientes del protagonismo cada vez mayor que las nuevas tecnologías están adquiriendo en los procesos de trabajo, elaboramos protocolos de desconexión digital, a fin de garantizar el respeto de los tiempos de descanso diario y vacaciones de todas las personas trabajadoras. 

Tanto las evaluaciones de riesgos psicosociales como disponer de una política de desconexión digital para todos los trabajadores, son obligaciones legales de todas las empresas que favorecen el bienestar y salud de los trabajadores, creándose ambientes laborales libres de conflictos y, por tanto, más productivos. 

 

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